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Nombrar para existir: el porqué del lenguaje inclusivo

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Lo que no se nombra, no se ve. Y lo que no se ve, no cuenta.

El lenguaje no solo describe el mundo: también lo ordena y decide quién aparece en él. Cuando hablamos siempre en masculino de médicos, alcaldes o científicos, en el imaginario colectivo se cuela la idea de que esos lugares son «de hombres». Por el contrario, cuando nombramos a las mujeres, las hacemos visibles, posibles, esperables.

El lenguaje inclusivo no es una imposición ni un capricho: es atención. No se trata de duplicar cada palabra hasta volver ilegible una frase, sino de buscar fórmulas que no excluyan: «la ciudadanía» en vez de «los ciudadanos», «el personal» en vez de «los trabajadores». Hay mil maneras de hablar bien sin dejar a la mitad de la población fuera.

Quien dice que esto es «una tontería» suele olvidar que las palabras tienen consecuencias. La forma en que nombramos a las personas influye en cómo las tratamos. Cuidar el lenguaje es una manera sencilla, gratuita y diaria de cuidar la igualdad.

👉 Prueba una semana a nombrar en femenino y en plural inclusivo. Notarás quién aparecía y quién no.

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