
La igualdad no es «cosa de mujeres». También es responsabilidad —y oportunidad— de los hombres.
Durante mucho tiempo se ha contado la igualdad como una lucha de las mujeres frente a los hombres. Pero la igualdad no va contra los hombres: va contra un sistema de roles que también les hace daño, aunque les conceda ventajas. El mismo modelo que oprime a las mujeres es el que prohíbe a los hombres pedir ayuda, expresar miedo o cuidar sin sentirse menos.
Ser aliado no consiste en aplaudir desde la grada ni en esperar una medalla por «portarse bien». Consiste en escuchar sin ponerse a la defensiva, en repartir el cuidado, en ceder espacio y en señalar el machismo de otros hombres cuando ellas no están delante. Es ahí, en el vestuario y en la sobremesa, donde muchas cosas cambian o siguen igual.
Un hombre por la igualdad no pierde nada que merezca la pena conservar. Gana relaciones más sanas, hijos e hijas más libres y una vida menos encorsetada. La igualdad, bien entendida, también les libera a ellos.
👉 Si eres hombre, elige una cosa concreta que vas a hacer distinto esta semana. Y hazla.



