
Quien llega no viene a quitar: viene a aportar, como hicieron antes tantas personas de aquí.
El discurso del miedo repite que quien migra «viene a quitarnos» algo: el trabajo, las ayudas, la seguridad. Pero los datos y la experiencia cuentan otra historia. Las personas migrantes sostienen sectores enteros —el cuidado, el campo, la hostelería—, aportan a las arcas comunes y rejuvenecen sociedades que envejecen. Restan miedo y suman manos, ideas y futuro.
Conviene además recordar nuestra propia historia: de estas mismas tierras salieron generaciones a buscarse la vida fuera, y fueron acogidas —mejor o peor— en otros lugares. La migración no es una anomalía reciente, sino una constante humana. Hoy nos toca estar del lado de quien recibe; mañana, quién sabe.
La convivencia no se da sola: se construye con encuentro, con derechos y con respeto mutuo. No se trata de que nadie renuncie a quien es, sino de tejer un «nosotras» más amplio en el que quepan distintos orígenes. La diversidad bien acogida no debilita a una comunidad: la enriquece y la prepara para el mundo que viene.
👉 Conoce de primera mano la historia de alguien que migró. Casi siempre desmonta el miedo.



