
Cocinar, cuidar, organizar, acompañar… Alguien lo hace cada día. Y casi siempre es la misma persona.
En muchos hogares hay un segundo trabajo que no aparece en ninguna nómina: la lista interminable de tareas de cuidado y organización doméstica. Quién compra, quién recuerda las citas médicas, quién consuela al niño que llora a medianoche. Esa «carga mental» recae todavía, de forma abrumadora, sobre las mujeres, incluso cuando ambos miembros de la pareja trabajan fuera.
El problema no es solo el reparto de horas, sino quién lleva la responsabilidad de que todo funcione. «Ayudar en casa» no es corresponsabilidad: ayudar implica que la tarea sigue siendo de otra persona. Corresponsabilidad es que el cuidado sea, de verdad, de los dos: pensado, asumido y sostenido a partes iguales.
Repartir el trabajo invisible no es una cuestión doméstica menor: condiciona los estudios, el empleo, el descanso y la salud de las mujeres durante toda su vida. Por eso es también una cuestión política y social. Un país que quiere igualdad tiene que poner el cuidado en el centro y dejar de darlo por hecho.
👉 Esta semana, haz una lista de quién hace qué en tu casa. Quizá te sorprenda.



